Además, se resistía a mezclarse de algún modo con el maligno infortunio de aquellos años dolorosos: así, al menos, disculpó su incapacidad en varias cartas, en las que confesaba sentirse como el niño que no quería tocar sus cosas preferidas mientras le aquejaba el dolor de muelas.
de "El testamento" (fragmento)
Rainer Maria Rilke
trad. Feliú Formosa
ed. Alianza (1977)