viernes, 17 de julio de 2026

mapas más grandes

 





      Era la hora en que la gente enciende las luces y él, al ver brillar una, se puso en pie y caminó hacia ella; así llegó ante una casa que parecía muy pequeña, pues enfrente de ella había un gigante. «Si entras y el gigante te ve –se dijo–, puedes perder fácilmente la vida.» Sin embargo, al fin se decidió a acercarse. Al verlo, el gigante exclamó:

   –¡Qué bien que estás aquí! Hace mucho tiempo que estoy sin comer, así que me servirás de cena.

   –¡No trates de hacerlo! –dijo el hombre–. A mí no me gusta ser tragado. Si quieres comer, tengo bastante con qué satisfacerte.

   –Si tal cosa es verdad –dijo el gigante– puedes quedarte aquí tranquilamente; yo sólo quería comerte porque no tengo otra cosa que llevarme a la boca. 

   Entonces se sentaron a la mesa y el hombre sacó el pan, el vino y la carne que nunca se agotaban.

   –¡Esto sí que me gusta! –exclamó el gigante, y comió hasta saciarse. 

   Después el hombre le preguntó:

   –¿No podrías decirme dónde queda el castillo dorado de Stromberg?

   –Voy a mirar en mi mapa –respondió el gigante–; en él se encuentran todas las ciudades, aldeas y casas.

   Miró en el mapa que tenía en el cuarto y buscó el castillo, pero no estaba allí.

   –No importa –dijo–; arriba, en el armario, tengo mapas más grandes. Buscaremos en ellos.

   Pero también fue en vano. Así que el hombre quiso seguir su camino, pero el gigante le rogó que esperara unos días más, hasta que volviera su hermano que había salido en busca de víveres. Cuando éste regresó, le preguntaron por el castillo dorado de Stromberg y él respondió:

   –Después de comer, y cuando esté satisfecho, lo buscaré en el mapa. 

   Subió con ellos a su cuarto y buscaron en el mapa, pero no pudieron hallarlo; sin embargo, el hermano trajo todavía otros viejos mapas, hasta que al final hallaron el castillo dorado de Stromberg: estaba a muchos miles de millas de distancia.

   –¿Cómo llegaré hasta allí? –preguntó el hombre.

   –Dispongo de dos horas– le respondió el gigante– y te acercaré a él, pues debo volver enseguida a casa para alimentar al hijo que tenemos. 

   Entonces lo cargó en sus hombros y lo llevó hasta un lugar que distaba cien horas de marcha del castillo.

   –El resto del camino lo puedes hacer fácilmente solo –le dijo, y regresó.










de 'La cuerva' (fragmento)

en "Cuentos de la infancia y del hogar"

Hermanos Grimm

trad. Ulrique Michael y Hernán Valdés

ed. Bruguera (1983)

martes, 9 de junio de 2026

pasaba por allí



 



Dos monjes discutían acerca de una bandera.

El uno decía: –La bandera se mueve.

Decía el otro: –Se mueve el viento.

En ese momento pasaba por allí el sexto patriarca.

Y les dijo: –No el viento, no la bandera: la mente se mueve.









'Ni viento ni bandera'

en "Carne Zen Huesos Zen: La valla sin puerta / Los diez toros / La experiencia del centro" 

comp. Paul Reps

trad. J. V.

ed. Estaciones (1989)

jueves, 4 de junio de 2026

tres días

 





Ven y pasa el día en la dicha.


Mañana tras mañana, durante tres días,


yacerás a mi sombra.












'Habla el sicomoro' (fragmento) de 'La disputa de los árboles del huerto'

en "Cuentos y fábulas del Antiguo Egipto"

trad. Jesús López

ed. Trotta (2023)

sábado, 16 de mayo de 2026

cierta doble naturaleza

 






   Antiguos y divinos hombres, según parece, sostuvieron acerca del alma, junto a otras muchas cosas, también esto: que en verdad el alma no es una de las entidades simples ni de las que tienen una naturaleza o potencia única. 

   En efecto, las cosas de este mundo, si debían ser dotadas de algún ritmo y algún orden, necesitaban la administración de un alma que las dirigiera; pero el alma no podía estar presente ni actuar en las cosas de la Tierra sin ser rodeada por las ligaduras del cuerpo (el cual, al descender al lugar grave que le es propio, la arrastra hacia abajo y le impide abandonarlo), ni tampoco era posible que ella realizara correctamente y en consonancia con el universo la providencia de las cosas de aquí si no poseyera también la comprensión y la percepción de las bellezas de allí. Por eso, el alma necesitó cierta doble naturaleza, que fuera, por un lado, poseedora de la sabiduría y  que, por otro, debido a su parentesco con el cuerpo, no despreciara las cosas de este mundo. 

   Así pues, el que administra la Totalidad, dicen los antiguos, habiendo establecido que el alma debía ser la gobernadora de los cuerpos, separó para ella de la parte divina la sustancia de la razón, por la cual debía ordenar las cosas de este mundo, y de la parte irracional añadió el deseo, para que tendiera hacia las cosas de aquí. 









de 'Libro II - 2' (fragmento)

en "Sobre la música"

Arístides Quintiliano

trad. Luis Colomer y Begoña Gil

ed. Gredos/Planeta-DeAgostini (1997)

jueves, 30 de abril de 2026

el futuro (sonora XXXIX)

 




Le pregunté a Éliane qué esperaba para el futuro de la musica. 


Su respuesta: "que el futuro de la música sea tan vasto 


como el espacio mismo."























 de una entrevista de Jonathan Hepfer a Èliane Radigue, publicado en su cuenta de IG.

martes, 28 de abril de 2026

los poemas

 





"Los poemas no perduran como objetos, sino como presencias. 


Cuando lees algo que merece recordarse, liberas una voz humana: devuelves al mundo un espíritu compañero.


Yo leo poemas para escuchar esa voz. Escribo para hablar a aquellos a quienes he escuchado."




























-Louise Glück, "Proofs and Theories"-

–encontrado entre mis notas, posiblemente tomado de la web.

martes, 14 de abril de 2026

ese vínculo

 




   La cultura hinduista llamó sampad al riguroso equilibrio numérico y geométrico, físico y mental que se logra cuando la mente alcanza un conocimiento de relaciones no deteriorables, fuertes, transparentes y profundamente terapéuticas, que nos permiten instaurar un orden mesurado, prudente ortopedia de la vasta dispersión de aquello que vive y muere. El sampad es la visión de la mente que encuentra un nexo, un vínculo entre lo que «llevamos dentro» y lo que «vemos y dejamos fuera»; y cuando lo ve, la mente lo ve para siempre. Hace suya esa visión, ese vínculo, y lo convierte en algo propio.










de 'Prólogo –El sueño de la mente universal–' (fragmento)

en "El Teatro de la Mente –De Giulio Camillo a Aby Warbug–"

Corrado Bologna

trad. Helena Aguilà

ed. Siruela (2017)