domingo, 1 de febrero de 2026

su incapacidad

 




   Además, se resistía a mezclarse de algún modo con el maligno infortunio de aquellos años dolorosos: así, al menos, disculpó su incapacidad en varias cartas, en las que confesaba sentirse como el niño que no quería tocar sus cosas preferidas mientras le aquejaba el dolor de muelas. 










de "El testamento" (fragmento)

Rainer Maria Rilke

trad. Feliú Formosa

ed. Alianza (1977)

domingo, 25 de enero de 2026

He criado un halcón

 





He criado un halcón más de un año,

Cuando lo tenía domado a mi gusto

y le había adornado las plumas con oro,

se elevó muy alto y voló a otras tierras.


Aun vi al halcón volar hermoso:

en su pata llevaba la cinta de seda,

en sus plumas brillaba todo rojo y oro...

¡Que Dios junte a quienes se aman de corazón!










'He criado un halcón más de un año'

El de Kürenberg

(...1150-1170...)

en "Poesía de Trovadores, Trouvères, Minnesinger" 

(De principios del siglo XII a fines del siglo XIII)

trad. Carlos Alvar

ed. Alianza (1981) 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

el rumor

 





Oi du grant Desir la rumour

Qui fait en mon cuer son demour.


Escucha del gran Deseo el rumor

Que hace en mi corazón su morada.












Guillaume de Machaut (s. XIV)

cit. en "El deseo, o el ardor del corazón"

Jacqueline Kelen

trad. Jordi Quingles

ed. José J. de Olañeta (2004)

viernes, 21 de noviembre de 2025

bella materia

 






Si eres sensible a la belleza figurada, cuando veas un fresco de Giotto, aún de los que están embadurnados por una restauración feroz, como el de San Francesco en la Santa Croce, sentirás nacer dentro de tí un deseo loco de acariciar con la mano la bella materia que forma la pintura de aquel macizo visionario trecentista. Y te darás cuenta de que aquella pintura permanece todavía como algo estimable y muy espiritual. Y al salir de aquellos ambientes, por las calles, sentirás la viva atracción de aquel silencio sereno y bien compuesto. Y no sólo por unos días, sino de por vida te sentirás llevado a acariciar, así como palpaste aquella forma sabrosa, todas las formas vivas de las cosas que te envuelven. Y del cielo y del campo, que como el cielo cambia de colores, escrutarás con el ojo sus formaciones y su mudar, experimentando con ello grandísima delectación del ánimo. Toda la realidad te parecerá virgen y pura como si fuese tu hija apenas creada. «...Y éste es un arte que se llama pintar, que conviene tener fantasía, con operación de mano, para hallar cosas no vistas (devisándolas bajo forma de naturales) y formarlas con la mano, dando a ver que lo que no es, sea».












de 'Plática sobre Giotto' (fragmento)

en "Pintura metafísica"

Carlo Carrà

trad. Xavier Riu

ed. El Acantilado (1999)

martes, 21 de octubre de 2025

un viaje por el río

 




2 de julio

Palacio de la Claridad Suprema.

Montes Nevados

(Por la noche aparecieron miles de luces extrañas.)


(...)


Del 16 al 20 de julio

Monte Mayor E.

Monte Medio E.

Monte Menor E.


Su T'ung-po escribió:

«¿Recuerdas aquel día, de laderas escarpadas y sinuosas, el camino largo, todos cansados, los burros rengos rebuznando?».


(...)


31 de julio

Quiosco del mirador de la Luna.

Gruta del Jade Susurrante.

(Toda la vida me ha obsesionado buscar lo que está oculto.)


(...)


15 de agosto

(El río sigue creciendo.)

(Remolinos.)

(Éste es el lugar más peligroso del mundo.)

(Confié todo a la naturaleza y no hice preguntas.)


(...)


27 de agosto

Pabellón del Máximo Júbilo

(Nadie sabe cuántas montañas hay aquí. Desaparecen en la bruma, y las abultadas nubes son interminables. Solo se puede anhelar volver a casa.)









de 'Un viaje por el río YangTsé [1177]' (fragmentos)

en "Ensayos elementales"

Eliot Weinberger

trad. Aurelio Major

ed. Anagrama (2025)

domingo, 19 de octubre de 2025

excesiva penumbra

 





   En el momento en que todavía no llega la luz inmortal ni hay excesiva penumbra, sino que a la noche se mezcla una ligera claridad –lo que llaman media luz los que se despiertan–, entonces alcanzaron el puerto de Tinias, fatigados por su mucho esfuerzo, y echaron pie a tierra.

   Y el hijo de Leto, que ascendía desde la lejana Licia hacia el pueblo infinito de los hombres hiperbóreos, se les apareció. Dorados bucles, arracimados a uno y otro lado de sus mejillas, se agitaban a su paso. En la mano izquierda llevaba el arco de plata, y a su espalda colgaba de sus hombros la aljaba. Bajo sus pies se agitaba la isla entera, y chascaban las olas contra la tierra firme. Al vislumbrarlo se apoderó de ellos un incontenible pasmo (thámbos amēchanon), y ninguno se atrevió a mirar de frente hacia los hermosos ojos del dios, y se pararon bajando la vista hacia el suelo. Mientras él, lejos, marchaba por el aire hacia el alta mar.










de 'El viaje de los argonautas' (fragmento)

Apolonio de Rodas

trad. Carlos García Gual

ed. Alianza (1987)

miércoles, 9 de julio de 2025

por largas eras

 




Sentado en el Himalaya, el Rakasha hacía penitencia entre cinco fuegos. 

Cuatro había encendido a su alrededor para calentar la roca deslumbrante sobre la que se sentaba; el quinto era el impiadoso sol por encima suyo. 

Ravana era el hijo del Rishi Visvravas, quien era a su vez nieto del propio Brahma.

El magnífico Ravana, de diez cabezas, adoraba, sentado, al Dios Siva. 

Mas aún cuando permaneció sentado por mil años, Siva no apareció ante él.

Perdiendo un día la paciencia, el Demonio tomó su espada, cortó una de sus diez cabezas y, cantando el nombre de Siva, la arrojó al fuego. Aún así, el Señor no vino a él. 

Otros mil años pasaron, Ravana segó otra cabeza y alimentó al fuego con ella. Pero incluso así, Siva no apareció. 

Ravana no se amedrentó. En nueve mil años, el Rakasha cortó nueve de sus cabezas y alimentó a Agni con ellas. Pero no había señal de Siva.

Cuando hubieron pasado diez mil años de perfecta adoración, Ravana tomó su espada nuevamente: para esta vez cortar de un tajo su décima y última cabeza, y poner así fin a sí mismo. 

De pronto sus ojos fueron cegados por una luz tal como nunca antes hubiese visto. 

En el corazón mismo del fulgor se alzaba Siva, el Dios de Dioses, sonriendo a su fiero devoto.

Levantando su mano en bendición sobre el Rakasha, Siva dijo: "Pide por cualquier don que desees."

Ravana pidió por fuerza tal que ninguna otra criatura en el universo poseyese. Después de la ofrenda de nueve cabezas, Siva no podía rehusarse.

Restauró las cabezas del Rakasha y le otorgó la fuerza que un día lo haría amo de la tierra. 

Pero Ravana no estaba satisfecho con sólo un don. 

Retomó su fervorosa penitencia, ahora en nombre de su propio bisabuelo: Brahma, el Creador. 

Pasados cien años, también Brahma, el de los cuatro rostros, iridiscente, se presentó frente al Demonio.

"¿Qué don deseas, Ravana? Pídeme cualquier cosa."

El tapasya de Ravana había sido tan notable que podría haber pedido por moksha, la iluminación. Pero siendo un Rakasha, dijo: 

"Siva ya me ha concedido fuerza ilimitada. Pitama, ¡hazme inmortal!"

Brahma replicó: "No puedo conceder la inmortalidad a nada de lo creado. Pide por otro don."

Ravana lo pensó por un momento. Luego, astutamente, dijo: "Entonces bendíceme con que nunca encuentre la muerte a manos de un Deva, Danava, Daitya, Asura, Rakasha, Gandharva, Kinnarva, Charana, Siddha o cualquiera de los seres divinos o demoníacos del cielo y la tierra."

Con un suspiro, sabiendo cuales serían las consecuencias de este don, Brahma dijo: "Que así sea", y desapareció. 

El rugido triunfal de Ravana resonó a través del mundo. El Himalaya se estremeció; el mar se elevó en olas escarpadas y se estrelló contra las costas de Bharatavarsha.

Es claro, el Rakasha había pensado que estaba por debajo de su dignidad pedir por invencibilidad contra la insignificante raza de los hombres. 

Puesto que, ¿cuál hombre mortal podría albergar esperanza de amenazar la vida de Ravana, el pavoroso? Tenía la certeza que ahora ya era inmortal. 

Y raudamente, gracias a sus dos dones, el Demonio se tornó soberano de todo cuanto su vista abarcase.

Por largas eras reinó, mientras la oscuridad se extendía...







'The Demon's boons'

The Ramayana

Retold by: Ramesh Menon

ed: North Point Press (2003)


versión: Ricardo Messina