sábado, 16 de mayo de 2026

cierta doble naturaleza

 




   Antiguos y divinos hombres, según parece, sostuvieron acerca del alma, junto a otras muchas cosas, también esto: que en verdad el alma no es una de las entidades simples ni de las que tienen una naturaleza o potencia única. 

   En efecto, las cosas de este mundo, si debían ser dotadas de algún ritmo y algún orden, necesitaban la administración de un alma que las dirigiera; pero el alma no podía estar presente ni actuar en las cosas de la Tierra sin ser rodeada por las ligaduras del cuerpo (el cual, al descender al lugar grave que le es propio, la arrastra hacia abajo y le impide abandonarlo), ni tampoco era posible que ella realizara correctamente y en consonancia con el universo la providencia de las cosas de aquí si no poseyera también la comprensión y la percepción de las bellezas de allí. Por eso, el alma necesitó cierta doble naturaleza, que fuera, por un lado, poseedora de la sabiduría y  que, por otro, debido a su parentesco con el cuerpo, no despreciara las cosas de este mundo. 

   Así pues, el que administra la Totalidad, dicen los antiguos, habiendo establecido que el alma debía ser la gobernadora de los cuerpos, separó para ella de la parte divina la sustancia de la razón, por la cual debía ordenar las cosas de este mundo, y de la parte irracional añadió el deseo, para que tendiera hacia las cosas de aquí. 









de 'Libro II - 2' (fragmento)

en "Sobre la música"

Arístides Quintiliano

trad. Luis Colomer y Begoña Gil

ed. Gredos/Planeta-DeAgostini (1997)