martes, 7 de abril de 2026

gracia del discurso (sonora XXXVIII)

 




  6.   Esopo, agobiado por el fortísimo calor, dijo para sí:

   –Tengo dos horas que me da el capataz para descansar; las voy a dormir para liberarme del calor. 

   Eligió un lugar de la finca, lleno de vegetación, tranquilo, con árboles y umbrío, en el que, lleno de verde hierba, crecían en abundancia flores de muy vario color, que el bosque y la húmeda pradera, que allí había, envolvían. Esopo se reclinó en la hierba, dejó en el suelo la azada y poniéndose el zurrón y la pelliza de cabezal se echó a descansar. Allí, por entre los árboles, el río resonaba. Había un suave viento de poniente que hacía soplar una brisa que agitaba la arboleda. Cantaba en las ramas intensamente la chicharra y, de los voraces pájaros multicolores, el gorjeo resonaba. El empuje que venía del cielo, en el muy flexible pino, devolvía un murmullo como el del mirlo. Y el eco imitador de los sonidos, como un canto combinado, al unísono con todos los demás, abrumaba con su ruido. Esta mezcla de sonidos producía un susurro melodioso. Cautivado por esto, Esopo fue arrastrado al dulce sueño. 


7.   Entonces precisamente, la diosa, la soberana Isis, se apareció con las nueve Musas y dijo:

   –Miradlo, hijas, a este hombre, deforme de figura, pero capaz de vencer toda burla con su piedad. Éste, en una ocasión, mostró el camino a una diaconisa mía que andaba extraviada. Aquí estoy con vosotras para recompensar a este hombre. Así, yo le restituyo la voz y vosotras a la voz añadid la gracia del discurso excelente.

   






de 'Vida de Esopo' (fragmento)

en "Fábulas"

Esopo

trad. P. Bádenas de la Peña y J. López Facal

ed. Gredos/RBA (2006)

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