miércoles, 31 de enero de 2018

las bodas





   Igual de grande y cubierto de flores hay un árbol así en Nyboder. Allí creció en el rincón de un patio pequeño y pobre; bajo este árbol estaban sentados una tarde, bajo el sol más agradable, dos ancianos: un marinero, viejo, viejo, y su mujer, vieja, vieja. Eran abuelos y pronto celebrarían sus bodas de oro, pero no podían recordar cuál era exactamente la fecha, y Madre Saúco estaba sentada en el árbol y parecía divertirse mucho, como ahora.
   –¡Yo sí que sé cuándo son las bodas de oro! –decía, pero ellos no la oían, hablaban del tiempo viejo.
   –Sí, ¿te acuerdas –decía el viejo marinero– de cuando éramos niños y corríamos y jugábamos? Era en este mismo patio en que estamos ahora y hacíamos un huerto plantando ramitas en la tierra.
   –¡Sí –decía la anciana– ya lo creo que me acuerdo! Y regábamos los troncos y uno de ellos era una rama de saúco, que echó raíz y sacó brotes verdes y ahora está convertido en el gran árbol bajo el que nos sentamos los viejos.
   –Claro que sí –dijo él–, y allí en el rincón había una barrica con agua; en ella flotaba mi barco, que yo mismo había construido, ¡cómo navegaba! Pero yo navegué pronto de muy otra manera. 
   –Sí, pero antes fuimos a la escuela y nos instruimos un poco –dijo ella–, y después fuimos confirmados; los dos lloramos; pero por la tarde subimos cogidos de la mano a la Torre Redonda y contemplamos el panorama de Copenhague y el mar; también fuimos a Frederiksberg, donde el rey y la reina navegaban por los canales en sus espléndidos barcos.
   –Pero yo salí a la mar de muy otra manera y durante muchos años estuve muy lejos en largos viajes.
   –Sí, no me cansaba de llorar por ti –dijo ella–. ¡Creía que habías desaparecido y muerto y que estarías en el fondo del mar! Muchas noches me levantaba a ver si giraba la veleta; sí, se movía, pero tú no venías. Me acuerdo perfectamente cómo un día en que llovía a cántaros, vino el basurero ante la casa en la que yo servía, bajé con la basura y me quedé en la puerta, qué tiempo más horrible; y mientras estaba allí, se acercó el cartero y me dio una carta; era tuya; sí, ¡las vueltas que había dado! la abrí y la leí; reía y lloraba; ¡era tan feliz! Decía que estabas en tierras cálidas, donde se daban los granos de café, ¡debía ser un país maravilloso! Contabas tantas cosas y yo lo veía todo; mientras, la lluvia caía a cántaros y yo seguía con la basura. De pronto vino alguien y me cogió por la cintura. 
   –¡Sí, pero tú le diste un buen sopapo en la oreja, que sonó como un tiro!
   –¡Cómo iba yo a saber que eras tú! Habías venido al tiempo que tu carta; y estabas tan guapo; aún lo eres, llevabas un largo pañuelo de seda amarillo en el bolsillo y un sombrero de brillo; estabas muy elegante. ¡Dios mío, qué tiempo hacía y cómo estaba la calle!





















Hans Christian Andersen (1835-1872)
de 'Madre Saúco' (fragmento)
en "La sombra y otros cuentos"
trad. Alberto Adell
ed. Alianza (1986)


martes, 30 de enero de 2018

con exactitud





   En cierta ocasión Afanti quiso bromear con el primer ministro de su país y le predijo que al día siguiente moriría. Para sorpresa de todos, el día indicado por Afanti, el funcionario cayó del caballo y murió. Al enterarse de lo ocurrido, el emperador dio orden a sus subordinados de arrestar a Afanti y conducirlo a su presencia. 
   Cuando Afanti hubo llegado al palacio, el emperador le recriminó:
   –Debido a tus fatales predicciones, el primer ministro ha fallecido. ¿Sabes el castigo que debes sufrir?
   –Si Su Majestad afirma que soy el causante de la muerte del primer ministro, tiene plenas facultades para condenarme.
   –Pues bien, puesto que sabías de antemano la fecha en que moriría el primer ministro, debes saber también la de tu propia muerte. Si no respondes con exactitud, será hoy el día de tu fin.
   –¿No lo sabe Su Majestad? –replicó Afanti en tono de convicción–. Mi muerte ocurrirá exactamente dos días antes de que Su Majestad abandone este mundo.
   Ante tales palabras, el emperador dejó a Afanti en libertad, recomendándole cuidar su salud y augurándole una vida lo más larga posible.


















'Predicción salvadora'
en "Cuentos de Afanti"
trad. Zhao Shijie
ed. Ediciones en Lenguas Extranjeras (1986)

lunes, 29 de enero de 2018

todas las estaciones






   Se puso sobre su cuerpo los vestidos que las Gracias y las Horas habían hecho y teñido con cuantas flores primaverales traen consigo las Horas: azafrán, jacinto, violeta lozana, hermoso capullo de rosa, dulce como el néctar, cálices en flor fragantes como la armonía de narciso y de lirio. Tales vestidos, perfumados por todas las estaciones, fueron los que Afrodita se puso.






















de las 'Ciprias'
en "Ciclo Épico-Ciclo Tebano-Ciclo Troyano"
trad. Alberto Bernabé Pajares
ed. Gredos/Planeta DeAgostini (1996)

domingo, 28 de enero de 2018

un enredo






   De hecho, cualquier palabra hablada está condenada, pues da pie a un enredo de malentendidos. Solo la experiencia de las palabras a través de la vida abre el acceso al significado. Incluso las matemáticas no pueden escapar a este teorema poético.





















Basarab Nicolescu
de 'IV. Meaning'
en "The Hidden Third'
ed. Quantum Prose (2016)

versión: RM

sábado, 27 de enero de 2018

aquello que llueve






   Un día pasó un perro sabio junto a una reunión de gatos.

   Acercóse más, y como los viera muy ocupados y sin notar su presencia, se detuvo.

   Entonces surgió de entre medio de la reunión un enorme y solemne gato, quien, contemplando al resto, dijo: "Hermanos, orad; y cuando hayáis orado una y otra vez, sin dudar de nada, verdaderamente entonces lloverán ratones."

   Al oir esto, el perro rió en su corazón y alejóse de ellos murmurando: "Oh ciegos y tontos gatos, ¿no ha sido escrito acaso, y no lo sé yo, y mis padres antes que yo, que aquello que llueve por oración y fe y súplicas no son ratones sino huesos?"



















Khalil Gibran (1883-1931)
'El perro sabio'
en "El loco"
trad. Jorge Sarhan
ed. Goncourt (1975)

viernes, 26 de enero de 2018

en redondo (bestiario IX)





   Si en alta mar un piloto ve que una bandada de grullas se vuelve hacia atrás, esto le da indicios de que las aves han dejado de volar hacia adelante a causa de algún viento adverso; por así decir, se convierte de inmediato en alumno aplicado, vira en redondo y logra que su nave no sufra daños. Es decir que el arte de la navegación, una disciplina y conocimientos captados por primera vez por las grullas, fue comunicada más tarde a los hombres. 



















Claudio Eliano (175-235 d. C.)
del 'Libro III'
en "Historia de los animales"
trad. María Otero
ed. Hyspamérica (1985)

jueves, 25 de enero de 2018

secretamente






EL ARMARIO

¿Y acaso no escucha secretamente el espíritu
la música que me es ocultada,
acordes que mantienen a las estrellas en sus cursos,
brotes de sonido desde la semilla de luz temprana?

Si no fuese por los órdenes de la música oculta
seríamos reclamados por el vacío preponderante.











THE CLOSET

And does not the spirit attend secretly
the music that is hidden away from me,
chords that hold the stars in their courses,
outfoldings of sound from the seed of first light?

Were it not for the orders of music hidden
we should be claimd by the preponderant void.










Robert Duncan (1919-1988)
'The closet'
de 'Four pictures of the real universe'
en "The opening of the field"
ed. New Directions (1973)

versión: RM