sábado, 14 de diciembre de 2019

Ferécides






Ferécides, en resumen, así: En el principio
eran el tiempo, la tierra y el dios.
Y el tejido del ser

fue hilado por el dios y entregado como ofrenda de boda
en su matrimonio con el submundo: 
la superficie bordada del mundo

arrojada sobre la envergadura de las raíces de árboles,
sobre la desnudez
de los dioses; y las puntas de los hilos,
barridas y olvidadas.

Todas las cosas, desde entonces, han nacido 
del vientre de la tierra, en los siete 
valles, han surgido de los siete arroyos interiores.

O un dios cubrió el repugnante barro con un velo
y se casó con él, y el polvo
de Ferécides, al ser enterrado, regresó tamizado a su hogar.

Quedan, de la mente de Ferécides:
la cresta formada por sedimentación y la leche glacial,
la alta escorrentía primaveral en el desfiladero,

y las cataratas, separadas a martillazos de las nubes,
contra el acantilado,
que desaparecen en el aire ávido de los Himalayas. 















'Ferécides'
de 'Los antiguos en su conocimiento'
en "La belleza de las armas"
Rober Bringhurst
trad. Marta del Pozo y Aníbal Cristobo
ed. Killer71 (2013)

viernes, 13 de diciembre de 2019

mitad de la tarifa






La mujer de Hershel clamó: "¡Dinero! ¡Dinero!"
   "No tengo dinero," alegó él.
   "¡Eso díselo a tu abuela!" replicó ella. "Sólo sé que los niños están hambrientos".
   Cuando Hershel escuchó esto se puso serio y se levantó de su silla. 
   "Ve al vecino de al lado y pídele prestado un látigo," dijo severamente a su hijo mayor. 
   Al escuchar esto, su mujer se puso a temblar.
   "¡Dios se apiade!" pensó consternada. "¡Ahora me va a dar de azotes!"
   Pero nada más lejano de los pensamientos de Hershel. Cuando su hijo le trajo el látigo, él fue hasta el mercado y lo hizo restallar sonoramente en el aire. 
   "¡Estoy llevando gente a Letitshev por la mitad de la tarifa!" gritó.
   "¡Qué ganga!" pensó la gente, y en un abrir y cerrar de ojos se congregaron clientes ansiosos.
   Hershel recolectó el dinero y se lo entregó a su hijo.
   "Corre a casa y dáselo a tu madre," dijo.
   "¿Dónde están los caballos?" preguntaron sus pasajeros mientras lo seguían camino abajo. 
   "¡Vengan nomás y no se preocupen!" les dijo Hershel. "Los voy a llevar directamente a Letitshev."
   Así fue que lo siguieron sin más preguntas. 
   Ya habían dejado la ciudad, pero aún no aparecían los caballos. A la distancia vieron el puente. "Sin duda los caballos estarán en el puente," pensaron.
   Pero cuando llegaron al puente seguían sin aparecer los caballos. Para entonces, ya habían cubierto la mitad del camino. De modo que pensaron para sí: "Muy bien, este hombre es un estafador, pero ¿qué vamos a ganar con dar la vuelta ahora?"
   Finalmente, llegaron a Letitshev.
   "¡Devuélvenos nuestro dinero, ladrón!" demandaron a Hershel. "¡Nos has engañado!"
   "¿Yo los he engañado?" rió Hershel burlonamente. "Respóndanme, ¿les prometí o no llevarlos hasta Letitshev?"
   "¡Sí, pero cabalgando, no caminando!"
   "¡Pfui!" bufó Hershel. "¿Alguna vez dije una palabra sobre caballos?"
   Los pasajeros se miraron entre sí, perplejos, y como no había nada que pudieran hacer al respecto, escupieron con desprecio y se fueron. 
   Cuando Hershel volvió a su casa, su mujer lo recibió a la puerta, radiante.
   "No entiendo, Hershel" dijo. "Tenías un látigo, pero ¿dónde conseguiste los caballos?"
   "¡No hagas preguntas tontas!" respondió Hershel riendo. "¿Para qué necesito caballos? Conoces el dicho: 'Si haces sonar un látigo siempre encuentras caballos.' "





















'Hershel as Coachman'
en "A Treasury of Jewish Folklore"
comp. Nathan Ausubel
ed. Crown Publishers (1958)

traducción R. M. 

jueves, 12 de diciembre de 2019

ante su presencia






   ¿Cuál es el motivo de tan increíble excitación, y de ese profundo recogimiento? ¿Qué anuncia ese bullicio que aturde los sentidos? 

   (...) Bullen cercanas y ensordecedoras fuentes que manan de la tierra. Las rocas se abren y fluyen los riachuelos. Todo lo cerrado se abre. Lo ajeno y lo hostil conviven en sorprendente armonía. Las normas ancestrales pierden de pronto su razón de ser, e incluso las medidas de espacio y tiempo pierden validez.

   «El suelo está anegado de leche, que mana, de vino, de néctar de abejas, y en el aire vibra una brisa como de incienso sirio.»























de "Dionisio - Mito y culto"
Walter F. Otto
trad. Cristina García Ohlrich
ed. Siruela (1997)

miércoles, 11 de diciembre de 2019

afilados pedruscos







   Las aguas de la fe
alguna vez también las costas rodearon
como una clara túnica plegada. 
Pero ahora sólo oigo 
su largo y melancólico rugido
al retirarse, al hálito 
del viento de la noche, desnudando 
los tristes y afilados pedruscos de la tierra.


   Ah, amor, ¡seamos siempre fieles! 
Pues el mundo
que parece extenderse ante nosotros 
como un país de sueños,
tan diverso, tan nuevo, tan hermoso,
no tiene realmente luz, amor o alegría,
verdad o paz, o alivio de amarguras.
Aquí estamos. Como en un llano oscuro
con alarmas confusas de luchas y de huidas,
donde ejércitos ciegos se acometen de noche.




















el fragmento de 'La bahía de Dover' que Montag 
lee a su mujer y sus amigas en "Fahrenheit 451"
trad. Francisco Abelenda
ed. Minotauro (1982)

martes, 10 de diciembre de 2019

doble lenguaje







   La Naturaleza tiene un doble lenguaje: el lenguaje matemático y el lenguaje simbólico, y esta es la razón por la que nos es tan difícil entender lo que está intentando decirnos. 



























en IX. Nature
de "The Hidden Third"
Basarab Nicolescu
trad. al inglés William Garvin
ed. Quantum Prose (2016)

versión R. M. 

lunes, 9 de diciembre de 2019

en sus aguas










          la noche transparente por encima de nosotros



en sus aguas sumergido el infinito



































de "Pliego"
Ricardo Messina
edición privada (2003)

domingo, 8 de diciembre de 2019

el centro







  –En el centro de esta ciudad (...) hay un pequeño santuario en forma de flor de loto. En su interior hay un espacio diminuto. Hay que buscar, hay que desear conocer a quien lo habita.

   –¿Qué es lo que hay que buscar, lo que hay que desear conocer en ese espacio diminuto en el interior del pequeño santuario en forma de loto en esta ciudad (...)?

   –El espacio en el interior del corazón es tan vasto como todo el universo. En su interior caben el cielo y la tierra, el fuego y el viento, el sol y la luna, el relámpago y las estrellas. Todo está contenido en su interior, lo que le pertenece a uno en este mundo y también lo que no le pertenece. 























Chãndogya Upaṇiṣad 8.1.1-3
de 'Naturaleza y culto'
Óscar Pujol
en "El árbol de la vida"
AAVV
ed. Kairos (2001)

versión R.M.