jueves, 14 de enero de 2021

higos

 




   (...) A la hora de costumbre, al amo, después de tomar el baño y desayunar, le entraron ganas de higos, se fue a buscar el fruto y dijo: 

   –Agatopo, dame higos.

   Al ver el amo que se lo tomaba a risa, se molestó y cuando supo que Esopo se había comido los higos, dijo:

   –Que llame uno a Esopo.

   Después que fue llamado se presentó. Y le dijo el amo:

   –¡Maldito! ¡Así me has despreciado!, ¿de manera que has entrado en el almacén y te has comido los higos que había preparados para mí?

   Esopo le oyó y como no podía hablar por el obstáculo de su lengua, clavó la vista en sus acusadores, que estaban presentes. Cuando estaba a punto de que lo azotaran se tiró a las rodillas del amo y suplicó que se contuviera un poco. El amo aguardó. Esopo, al ver que al lado había un cántaro lo tomó y, por señas, pidió agua tibia y luego de meter un cazo dentro, Esopo bebió el agua, se metió los dedos en la boca y, tras provocarse arcadas, arrojó el agua tibia que había bebido, porque no había probado absolutamente nada. Después de demostrar su inocencia por medio de esta argucia, reclamó que sus compañeros hicieran lo mismo que él para saber quién era el que se había comido los higos. Asombrado el amo de la ocurrencia de Esopo mandó que los otros, después de beber, vomitaran. Los esclavos se dijeron:

   –¿Qué vamos a hacer, por Hermes? Bebamos y no nos metamos los dedos del todo, sino sólo los nudillos. 

   Pero en cuanto bebieron el agua tibia, que es una cosa biliosa, los higos salieron a flote y nada más quitar el dedo los higos salieron danzando. El amo dijo:

–¿Véis cómo habéis acusado en falso a quien no puede hablar? ¡Desnúdalos!

   Al llevarse éstos los azotes, aprendieron, sin duda, que quien trama un mal contra otro, sin darse cuenta se lo está haciendo a sí mismo. 







de 'Vida de Esopo' (fragmento)

en "Esopo: Fábulas - Vida / Babrio: Fábulas"

trad. P. Bádeñas de la Peña y J. López Facal

ed. Gredos/RBA (2006)


miércoles, 13 de enero de 2021

un puente suspendido

 



   En la fecha fijada, llegamos Solovief y yo, frente a las ruinas de la fortaleza de Yeni-Hissar; y el mismo día vinieron a reunirse con nosotros cuatro Kara-kirghises que habían mandado a nuestro encuentro. 

   Después del ceremonial acostumbrado, comimos juntos. A la caída de la tarde nos exigieron renovar el juramento, nos pusieron un bashlik sobre los ojos, nos subieron sobre la silla de montar y partimos.

   Durante todo el viaje mantuvimos, fiel y concienzudamente, la palabra que les habíamos dado de no mirar y de no tratar de saber por dónde íbamos y qué lugares atravesábamos. 

   De noche en los pasos, o a veces cuando comíamos en lugares retirados, nos quitaban el bashlik que nos cubría los ojos. Aparte de eso, sólo dos veces en el viaje nos permitieron levantarlo. 

   La primera vez ocurrió el octavo día, cuando debíamos franquear un puente suspendido que no se podía atravesar a caballo y en el que dos hombres no hubieran podido pasar de frente: había que andar solo, y era imposible hacerlo con los ojos vendados. 

   Según el carácter del paisaje que se ofrecía a nuestra vista hubiéramos podido concluir que estábamos sea en el valle del Piandye, sea en el valle del Seravchan: el ancho río que corría debajo de nosotros, ese puente, las montañas que nos rodeaban, todo aquello nos recordaba mucho a estos dos valles. 

   Debo decir, por otra parte, que si lo hubiéramos podido atravesar con los ojos vendados quizás hubiese sido mejor para nosotros. No sé si fue porque habíamos caminado mucho tiempo con los ojos cerrados, o por cualquier otra razón, pero jamás olvidaré la nerviosidad y el miedo que sentimos al internarnos en ese puente. Hasta tuvimos que tomarnos un tiempo antes de decidirnos. 








de 'El príncipe Yuri Liubovedsky' (fragmento)

en "Encuentros con hombres notables"

G. I. Gurdjieff

trad. Nathalie de Etievan y Cástor S. Goa

ed. Ganesha (1982)

martes, 12 de enero de 2021

sólo el instrumento

 




   El lenguaje no pertenece a la lengua, sino al corazón. La lengua es sólo el instrumento con el que se habla. Quien es mudo es mudo en el corazón, no en la lengua (...). Déjame oírte hablar y te diré cómo es tu corazón.












Paracelso

citado en "El pensamiento del corazón"

James Hillman

trad. Fernando Borrajo

ed. Siruela (2005)


lunes, 11 de enero de 2021

tres tinajas

 




   "Bien: has conseguido la pluma del Ave Zhar, has conseguido al propio Ave Zhar, me has conseguido mi collar de coral y también mi manada de caballos. Ahora deberás ordeñar a mi yegua y poner su leche en tres tinajas, de modo que haya leche tan caliente como el agua hirviendo en la primera tinaja, leche tibia en la segunda y helada en la tercera."

   Una vez más Tremsin echóse a llorar desconsoladamente y fue junto a su fiel corcel, el cual le preguntó: "¿Por qué lloras ahora?"










de 'La historia de Tremsin, el Ave Zhar, y Nastasia, la hermosa doncella del mar' (fragmento)

en "Cuentos Cosacos"

trad. Ramón Martínez Castellote

ed. Miraguano (1985)


 

domingo, 10 de enero de 2021

en mal momento

 




   Vio venir luego Cuchulain hacia él una doncella que vestía vestiduras de muchos colores. 

   ¿Quién eres?, le dijo. 

   Hija soy del rey Buan. Y te traigo un tesoro. Y te traigo ganado. Y a ti sólo te quiero por las cosas que de ti me contaron. 

   En mal momento vienes.

   Puedo ayudarte mucho.

   No te necesito.

   Te estorbaré si no me dejas que te ayude. Cuando más empeñado estés en el combate, iré contra ti. Seré anguila que se enreda en el pie y haré que caigas.

   Bien sabía yo que no eras tú la hija de un rey. Yo pisaré y romperé con los dedos del pie el espinazo de esa anguila y llevará esa anguila siempre esa señal si no la borro yo con una bendición. 

   Loba gris seré. Espantaré el ganado y saldrá de estampida contra ti.

   Y te saltaré a ti un ojo yo de una pedrada y bajo las pezuñas morirás donde quieras que estés.

   De una pedrada te quebraré una pata y siempre llevarás esa señal si no la borro yo con una bendición.  

   Entonces la doncella desapareció.









de 'La algara del toro de Cuailnge' (fragmento)

en "El perro del Ulster"

trad. José Manuel Álvarez Flórez

ed. Muchnik (1988)

sábado, 9 de enero de 2021

el consuelo





Todos mis poderes ahora derrocados
Cualquier fuerza que resta no es sino propia
Y ya muy tenue : Ahora es cierto,
Podrían aquí confinarme
O enviarme a Nápoles. No me dejen,
Habiendo recuperado mi ducado
Y perdonado al traidor, morar
En esta isla desolada por tu hechizo;
Mas líbrame de mis ataduras
Con la ayuda de tus buenas manos:
Vuestro gentil aliento mis velas
Debe henchir, o mi proyecto fracasará,
Cual fuera el de agradar. Carezco ahora
De espíritus bajo mi mando, ni artes para encantar. 
Y la desesperación es mi final,
A menos que reciba el consuelo de una plegaria,
Cuyo embate es tal que acomete contra
La piedad misma y absuelve toda falta.
Y así como serías de tus crímenes perdonado,
Permite me libere tu indulgencia. 










'Epílogo' 
de "La Tempestad"
William Shakespeare

versión R. M.

viernes, 8 de enero de 2021

salpicaduras

 




   Tenían salpicaduras de esperma que se habían petrificado encima de sus cabezas.

   En la época neolítica, los ciervos, al huir de los hombres, fugitivos por principio, siempre indomesticables, salvajes hasta el fondo de sus almas, superaban al caballo en la jerarquía de los animales de tan irresistible que parecía su belleza. Esa preeminencia era insoportable para la vanidad del caballo, que lo combatía hasta el corazón de la noche. Lo combatía en el corazón de los claros, regularmente, todos los meses de noviembre. 

   Duelo indeciso.

   En el claro, de noche, bajo la luna, a toda hora, el caballo saltaba relinchando hacia el cielo. 

   El ciervo bramaba en la sombra, lanzando su esperma al vacío. 

   Ante cada ataque, las ramas rechazaban las crines. 

   El bramido rechazaba el relincho, fuera del bosque oscuro, hacia la llanura.

   Cuando se alzaba el día, el ciervo iba a beber a la fuente oculta en el corazón del bosque, bajo el peso de los ramajes más sombríos.

   Durante ese tiempo, el caballo pacía sobre la linde, a la luz del sol, magnífico, el pelaje cubierto de rocío. 










de 'La cincha de la vergüenza' (fragmento)

en "Los desarzonados"

Pascal Quignard

trad. Silvio Mattoni

ed. El cuenco de plata (2013)