lunes, 14 de diciembre de 2015

funerales








Grande es el dolor de Zeus.
Patroclo, hijo de Menecios,
ha matado a Sarpedón,
y se lanza sobre los aqueos
para saquear su cadáver y ultrajarlo.

Zeus no lo consiente.
Ha dejado perecer a su hijo bienamado
(tal es la ley)
pero al menos lo honrará una vez muerto.
Despacha a Febo a la llanura,
instruido sobre los cuidados
que convienen al cadáver.

Con dolor, con respeto,
Febo levanta el cuerpo del héroe
y lo lleva al arroyo
lo limpia de polvo y de sangre;
cierra sus horrendas heridas
y no queda señal alguna.
Sobre él vierte ambrosía
y lo cubre de espléndidas vestimentas olímpicas.
Maquilla su tez de blancura
y alisa sus negros cabellos
con un peine orlado de perlas.
Dispone el cuerpo hermoso.
Ahora parece un joven rey auriga
entre los veinticinco o veintiséis años,
vencedor de muy ilustres Juegos
que reposa después de haber vencido
con su carro de oro y sus veloces corceles.

Y Febo, habiendo ejecutado las órdenes recibidas
llama a los dos hermanos, el Sueño y la Muerte.














Constantino Kavafis (1863-1933)
'Los funerales de Sarpedón'
en "Esperando a los bárbaros y otros poemas"
trad. Juan Carvajal
ed. Centro Editor de América Latina (1988)



domingo, 13 de diciembre de 2015

tríada







Érase un pescador que todos los días salía de pesca, aunque casi siempre regresaba con las manos vacías. Su mujer le decía:
   –Día tras día vas de pesca, pero nunca traes nada a casa. Tendrás que buscarte otro oficio o moriremos de hambre.
   –Está bien, mujer. Iré mañana por última vez y, si no atrapo nada, lo dejaré.
   A la mañana siguiente, marchó el pescador al río y, nada más lanzar su red, sacó un pez rojo de gran tamaño, que le dijo:
   –Pescador, buen pescador, échame de nuevo al río y atraparás cada día todos los peces que quieras.
   Lo devolvió al río y la primera vez que volvió a lanzar sus redes, recogió un quintal de peces.
   Cuando, contento, regresó a su casa, su mujer le dijo:
   –¿Cómo es posible? Hace tiempo que vas de pesca y no traes nunca nada... ¿Por qué hoy tantos peces?
   –Te lo diré; atrapé una gran pieza de color rojo y me dijo que si le dejaba volver al río, atraparía todos los días cuantos peces quisiera.
   Su mujer respondió:
   –Mañana, vuelve al mismo sitio y, si lo atrapas, tráelo a casa. Quiero comérmelo.
   El pescador se marchó al río con su red al cuello; la lanzó al agua y de nuevo atrapó al pez rojo, que le dijo: 
   –Pescador, buen pescador, échame de nuevo al río y atraparás cada día todos los peces que quieras.
   –No puedo dejarte ir. Mi mujer quiere comerte.
   –Cuando tu mujer me haya comido, a medianoche, dará a luz a tres hermosos niños; tu yegua, la que está en la cuadra, tendrá tres magníficos potrillos y también tu perra parirá tres bonitos cachorros. A éstos les pondrás por nombre: Rápido como el Viento, Pasa por Todo y Rompe el Hierro. Dirás a tu mujer que conserve mis espinas y que las coloque sobre la chimenea en un frasco con agua. Cuando el agua se ponga roja, cosas extraordinarias le ocurrirán a alguno de tus hijos.
















fragmento de 'El Rey de los Peces'
en "Historias y Leyendas del Languedoc"
Daniel Fabre y Jacques Lacroix
trad. Agustín Lopez Tobajas y Maria Tabuyo
ed. Crítica (1990)


sábado, 12 de diciembre de 2015

oneiros XIII






   Resurrección. Al respecto, el conocido pasaje de la Aesthetica in nuce de Hamann: «La poesía fue la lengua materna de nuestra especie..., un sueño más profundo fue el sosiego de nuestros antepasados». Un despertador de alto rango. 
   Un sueño «más profundo» roza el muro del tiempo y, con él, la frontera que nos separa de la muerte. En ese sentido la «resurrección» no llenaba antaño hueco alguno en la conciencia, pues faltaba el temor que habría anhelado un punto de anclaje. El deseo se pega a aquello de lo que carece.
   Si a nosotros, los hombres de hoy, se nos aparece un muerto en sueños, al despertar sabemos que ya no vive. En el sueño más profundo es como si regresara de un viaje.















Ernst Jünger (1895-1998)
en "Pasados los setenta V"
trad. Isabel Hernández
ed. Tusquets (2015)


viernes, 11 de diciembre de 2015

norte






   Las nubes cubrieron el Monte Blanco pero del otro lado apareció el monte de Hina; cruzamos el puente de Asamutsu y llegamos a Tamae; las cañas de Tamae ya ostentaban henchidas espigas; atravesamos el Paso del Ruiseñor y el de la montaña de Yunoo y llegamos al castillo de Hiuchi; en el monte Kaeru oímos los primeros gritos de los gansos salvajes y en el puerto de Tsuruga, la tarde del día catorce del Octavo Mes, encontramos alojamiento. Esa noche la luna lucía extraordinariamente clara. Le dije al dueño de la posada: "Ojalá aparezca tan clara la de mañana, que es luna llena". Me contestó: "En estas tierras del norte no se sabe nunca cómo será la luna de mañana", y nos sirvió saké.

















Matsuo Bashō (1644-1694)
fragmento de 'El Santuario de Kehi-no-Myo'
en "Sendas de Oku"
trad. Octavio Paz y Eikichi Hayashiya
ed. Seix Barral (1981)


jueves, 10 de diciembre de 2015

verdades indiscutibles






   Entonces, Thorkill partió hacia las tinieblas. La estrella roja lo llevó a través de la playa hasta el pie del precipicio; allí, una empinada huella le permitió subir. En la cumbre se encontró con una cueva desde la cual salía la luminosidad roja que habían visto como una estrella roja. Thorkill metió la cabeza en la cueva. Allí vio un fuego del tamaño de una parva de paja y sentados alrededor, tres Gigantes negros.
   –¿Me puedo sentar con ustedes? –preguntó Thorkill.
   Los tres Gigantes negros giraron hacia la entrada de la cueva. Thorkill vio que tenían una nariz cornuda como la de las aves.
   –¿Quién habló? –dijo el primer Gigante.
   –Un marino de la Tierra de los hombres –dijo Thorkill.
   –Siéntate, marino –dijo el Gigante siguiente.
   Así entró Thorkill y se sentó en torno del fuego.
   –¿Estamos lejos de la ciudad del tesoro de Garfred? –preguntó.
   –Marino –dijo el tercer Gigante–, en esta tierra, todo debe ser pagado. Debes pagarnos primero por las cosas que deseas saber.
   –¿Cuál será el costo? –preguntó Thorkill.
   –Una buena verdad indiscutible –dijo el primer Gigante–. Aquí tratamos sobre Verdades Indiscutibles. Dinos la primera Verdad Indiscutible que venga a tu mente, y te diremos cómo llegar a la ciudad del tesoro de Garfred.
   Así es que Thorkill les contó la primera Verdad Indiscutible que le vino a la cabeza:
   –Nunca, en ningún hogar, he visto tres narices tan hogareñas.
   Los tres Gigantes se estremecieron con gigantesco júbilo, de modo que tres sombras Gigantes subieron y bajaron en las paredes de la cueva alumbradas por la luz de la fogata.
   –En verdad, una buena Verdad Indiscutible –dijo el Gigante siguiente–. Ahora te diremos cómo llegar y te daremos buenos consejos.














fragmento de 'Thorkill de Islandia'
en "Leyendas de los Héroes Vikingos"
Isabel Wyatt (1901-1992)
trad. Carlos Mordojovich
ed. Idunn (2013)


miércoles, 9 de diciembre de 2015

distancias







Ahora bien, Pitágoras a veces también llama tono, según la teoría musical, a lo que dista la luna de la tierra: desde ella hasta Mercurio, un semitono, igual que desde él hasta Venus. Desde éste hasta el Sol un tono y medio, desde el Sol hasta Marte un tono [o sea lo mismo que desde la tierra a la luna], desde éste a Júpiter un semitono, igual que desde él a Saturno, y desde Saturno al Zodíaco un tono y medio. De este modo, se cumple con siete tonos la que denominan diapason harmonia, o sea, la armonía universal. En ella Saturno se mueve según el son dorio, Júpiter según el frigio y los demás, de forma por el estilo, de acuerdo con una sutileza más entretenida que necesaria.













Plinio el Viejo (23/24-79 d.C.)
'La música en relación con los astros'
en "Historia Natural" libro II, 22.
trad. Antonio Fontán, Ana Mª Moure Casas
e Ignacio García Arribas
ed. Gredos/RBA (2007)


martes, 8 de diciembre de 2015

encinta






   María dijo: «En el período en que estuve encinta de Jesús, cada vez que había alguien en mi casa que me hablaba, yo escuchaba dentro de mí a Jesús que loaba a Dios. Cada vez que yo estaba sola y que no había nadie conmigo, yo conversaba con él y él conmigo, mientras todavía estaba en mi seno».





















Abu al_Quasim ibn 'Asakir (?-1175)
'La virgen preñada'
del "Sirat at-Sayyid al-Masih" (Siglo XII)
en "Las aventuras del niño Jesús"
comp. Alberto Manguel
trad. Julio Sierra, Jorge Salvetti y Daniel Gigena
ed. Emecé (2007)