martes, 7 de junio de 2016

la canción






   Rabí Zusia pasó una vez por un prado donde un porquerizo, en medio de su piara, tocaba una melodía en su flauta de sauce. Se acercó y escuchó hasta que la aprendió y pudo llevársela consigo. Así fue cómo la canción de David, el pastorcillo, fue liberada de su largo cautiverio.
























Martin Buber
'La canción del pastor'
en "Cuentos Jasídicos - Los primeros maestros II"
trad. Luis Justo
ed. Paidós (1980)

lunes, 6 de junio de 2016

temporalia XVIII








   La crisis temporal de hoy no pasa por la aceleración. La época de la aceleración ya ha quedado atrás. Aquello que en la actualidad experimentamos como aceleración es solo uno de los síntomas de la dispersión temporal. La crisis de hoy remite a la disincronía, que conduce a diversas alteraciones temporales y a la parestesia. El tiempo carece de un ritmo ordenador. De ahí que pierda el compás. La disincronía hace que el tiempo, por así decirlo, dé tumbos. El sentimiento de que la vida se acelera, en realidad, viene de la percepción de que el tiempo da tumbos sin rumbo alguno. 
   La disincronía no es el resultado de una aceleración forzada. La responsable principal de la disincronía es la atomización del tiempo. Y también a esta se debe la sensación de que el tiempo pasa mucho más rápido que antes. La dispersión temporal no permite experimentar ningún tipo de duración. No hay nada que rija el tiempo. La vida ya no se enmarca en una estructura ordenada ni se guía por unas coordenadas que generen una duración. Uno también se identifica con la fugacidad y lo efímero. De este modo, uno mismo se convierte en algo radicalmente pasajero.




















Byung-Chul Han
fragmento de la introducción
a "El aroma del tiempo"
trad. Paula Kuffer
ed. Herder (2015)

domingo, 5 de junio de 2016

los accidentes






   Una vez, un experto en subir a los árboles estaba enseñando a otro, y le mandó cortar las ramas de la copa de un árbol.
   Mientras el aprendiz se encontraba en los lugares de mayor peligro, el maestro permanecía en silencio, sin decir nada. Pero, mientras bajaba para situarse a la altura de un tejado, le dijo –«Ten cuidado, que te vas a caer». 
   Al oír esto, yo le pregunté: «¿Por qué le dice que tenga cuidado ahora que ya está a una altura de la que puede bajar de un salto?»
   A lo cual él me respondió: «Ahora es cuando hay que decírselo. Antes, cuando estaba colgado de una rama y se le iba la vista, él era consciente del peligro y no tenía necesidad de recordárselo. Los accidentes suelen ocurrir en los lugares de menor riesgo».












Kenko Yoshida (1284-1350)
en "Tsurezuregusa"
trad. Justino Rodríguez
ed. Hiperión (2009)


sábado, 4 de junio de 2016

una fábula







   –Deberías tener vergüenza –dijo la rana–. Cuando yo era un renacuajo, no tenía cola.
   –Es lo que yo pensaba –dijo el renacuajo–. No has sido nunca un renacuajo.





















Robert Louis Stevenson (1850-1894)
'El renacuajo y la rana'
en "Fábulas"
trad. Roberto Alifano y J. L. Borges
ed. Legasa (1983)

viernes, 3 de junio de 2016

la rosa secreta








Remota, secretísima e inviolada Rosa,
Abrázame en mi hora de las horas; allí donde habitan 
Cuantos te buscaron en el Santo Sepulcro,
O en el tonel de vino, más allá de la agitación
Y tumulto de derrotados sueños; donde, cerrados casi
Sus pálidos párpados, vencidos por el sueño, los hombres
Han dado nombre a la belleza. Tus grandes hojas ocultan
Las antiguas barbas, los yelmos de oro y rubíes
De los Magos coronados; y a aquel rey cuyos ojos
Vieron las Taladradas Manos y el añoso Leño alzarse
En las brumas Druidas, haciendo palidecer las antorchas; 
Hasta que un vano frenesí le arrebató y murió; y a aquel
Otro que encontró a Fand caminando sobre llameante rocío
En una costa gris que nunca azotó el viento,
Y perdió el mundo y a Emer por un beso;
Y a aquel que expulsó a los dioses de sus lares,
Y cien veces estalló roja la aurora mientras lo 
Festejaba, llorando sobre los túmulos de sus muertos;
Y al rey orgulloso y soñador que desechó corona
Y desventura, y seguido de su bardo y su bufón
Marchó a vivir entre ebrios vagabundos al corazón del bosque;
Y a aquel que vendió aperos, casa y bienes,
E innumerables años buscó por tierras y por islas,
Hasta encontrar, entre risas y lágrimas,
Una mujer de tan resplandeciente belleza
Que los hombres trillaban el grano a medianoche
Por un mechón de sus cabellos, un pequeño mechón robado.
También yo espero la hora de tu gran vendaval de amor y odio.
¿Cuándo se extinguirán en el cielo las estrellas,
Como chispas que brotan del yunque y que se apagan?
¿Acaso no ha sonado ya tu hora?, ¿no sopla ya tu huracanado viento,
Remota, secretísima e inviolada Rosa?













W.B. Yeats (1865-1939)
'A la Rosa Secreta'
en "La rosa secreta"
trad. Alejandro García Reyes
ed. Alfaguara (1986)

jueves, 2 de junio de 2016

la palmera (alchimia XI)






   Hércules dijo a algunos de sus discípulos: «El hueso del dátil es producido y alimentado por la palmera, y la palmera lo es por su dátil. Y de la raíz de palmera, surgen varios brotes pequeños que se multiplican y producen otras muchas palmeras alrededor de ella». Y Hermes dijo: «Observa el rojo perfecto, y el rojo disminuido y el rojo total; también deberás considerar el naranja perfecto, y el naranja disminuido de su color anaranjado, y el color anaranjado total. Y mira aun el negro completo, y el negro disminuido de su negrura, y la negrura total. Del mismo modo, la espiga procede de un grano y de un árbol salen muchas ramas aunque el árbol no proceda más que de su semilla».










Anónimo
fragmento de la "Conversación
del Rey Calid y del Filósofo Morien
sobre el Magisterio de Hermes"
trad. Santiago Jubany i Closas
ed. Indigo (1997)

miércoles, 1 de junio de 2016

los cuervos y el cielo






Los cuervos afirman que un solo cuervo podría destruir los cielos. Indudablemente, así es, pero el hecho no prueba nada contra los cielos, porque los cielos no significan otra cosa que la imposibilidad de los cuervos.
















Franz Kafka (1883-1924)
citado en "Libro del cielo y del infierno"
comp. J.L. Borges y A. Bioy Casares
ed. Sur (1960)